Iesu dulcissime, Redemptor

Dulcísimo Jesús, Redentor

Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano;
míranos humildemente postrados ante vuestro altar.
Tuyo somos y tuyos queremos ser;
y para que podamos hoy unirnos más íntimamente contigo,
cada uno de nosotros se consagra espontáneamente a tu Sagrado Corazón.

Es verdad que muchos jamás Te conocieron;
que muchos Te abandonaron después de haber despreciado tus mandamientos.
Ten misericordia de unos y otros, benignísimo Jesús,
y atráelos a todos a vuestro santísimo Corazón.

Reina, Señor, no solamente sobre los fieles que jamás se apartaron de Ti,
sino también sobre los hijos pródigos que te abandonaron;
haz que éstos prontamente regresen a la casa paterna,
para que no perezcan de hambre y de miseria.

Reina sobre aquellos a quienes traen engañados las falsas doctrinas
o se hallan divididos por la discordia,
y haz que vuelvan al puerto de la verdad y a la unidad de la fe,
para que en breve no haya sino un solo redil y un solo Pastor.

Concede, Señor, a tu Iglesia segura y completa libertad;
otorga la paz a las naciones
y haz que del uno al otro polo de la tierra resuene esta sola voz:
Alabado sea el divino Corazón, por quien nos vino la salvación:
a Él sea la gloria y honor por todos los siglos de los siglos.

Amén

Iesu dulcissime, Redemptor

Iesu dulcissime, Redemptor humani generis,
respice nos ante conspectum tuum humillime provolutos.
Tui sumus, tui esse volumus;
quo autem tibi coniuncti firmius esse possimus,
en hodie sacratissimo Cordi tuo
se quisque nostrum sponte dedicat.

Te quidem multi novere nunquam;
te, spretis mandatis tuis,
multi repudiarunt.
Miserere utrorumque,
benignissime Iesu,
atque ad sanctuum Cor tuum rape universos.

Rex esto, Domine,
nec fidelium tantum
qui nullo tempore discessere a te,
sed etiam prodigorum filiorum qui te reliquerunt:
fac ut domum paternam cito repetant,
ne miseria et fame pereant.

Rex esto eorum,
quos aut opinionum error deceptos habet,
aut discordia separatos,
eosque ad portum veritatis
atque ad unitatem fidei revoca,
ut brevi fiat unum ovile et unus pastor.

Largire, Domine, Ecclesiae tuae securam
cum incolumitate libertatem;
largire cunctis gentibus
tranquillitatem ordinis;
perfice, ut ab utroque
terrae vertice una resonet vox:
Sit laus divino Cordi,
per quod nobis parta salus:
ipsi gloria et honor in saecula.

Amen

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